De Profesión, YouTuber
El título que no pudo ser.
Según el libro “Quiero Ser YouTuber” de Ignacio Esains, un día de 2011, Germán Garmendia le dijo a su madre "Mamá, voy a hacer videos en YouTube". Ella, sin ni siquiera saber a qué se refería su hijo contestó con un simple "okey". Hoy en día, con 31 años, su canal HolaSoyGerman tiene más de 42 millones de suscriptores enganchados a su enérgica forma de hablar. Gracias a las miles de horas de video contando historias idílicas como ésta y las innumerables charlas de superación y de tú-también-puedes de TED, la “profesión de YouTuber” se encuentra en el top de preferencias entre los adolescentes y los no tan adolescentes. Y es que podemos afirmar que cada vez son más las personas que sueñan con dedicar su vida a retransmitir por YouTube sus jugadas de videojuegos, sus bromas, o simplemente sus opiniones.
Si eres una de esas personas soñadoras, tengo malas noticias para ti: NI VAS A SER YOUTUBER NI MUCHO MENOS TE VAS A HACER RICO EN ESA PLATAFORMA. No es un mensaje muy positivo para empezar un blog titulado "Papá, quiero ser YouTuber”. Igual debería haber parafraseado la típica frase de madre "Ni YouTube, ni YouTuba” y usarla como título. Pero es un mensaje que la gente necesita escuchar de vez en cuando aunque no quiera escucharlo. Generalmente, preferimos escuchar mensajes de personas exitosas, de superación, de fama y de riqueza. Por eso, YouTube está cargando de relatos muy similares al cuento de la Cenicienta, que nos enganchan a todos. ¿Y esto por qué? ¿Por qué los relatos de los YouTubers distan tanto de la realidad? Porque YouTube es una plataforma de entretenimiento. Si los generadores de contenido contasen que para alcanzar el éxito tienes que estudiar una carrera, ser doctor o dedicar 16 horas al día a trabajar en tu sueño, el éxito no se podría vender como algo alcanzable a cualquier tipo de espectador. El espectador medio se abrumaría con todo el trabajo que hay que realizar, o peor, se aburriría y elegiría otra plataforma para entretenerse. En las redes sociales de hoy en día, el éxito tiene que parecer fácil. Y cuando hablamos de éxito no decimos perfeccionar y dominar una habilidad, ni aprender nuevos conocimientos por el camino, ni empezar a sembrar semillitas para ser viejo y rico. No. Generalmente a lo que se refieren es a ser joven y rico, y vivir como la imagen que dan los influencer de Instagram.
Y qué curioso es el razonamiento humano:
- Si una persona nos dice que tiene la clave del éxito y se ofrece a explicarnos su método a cambio de una suma dinero, nuestro cerebro enseguida hace saltar una alarma de que estamos ante el timo de la estampita.
- Si te dice que tiene la clave del éxito y que la explica en su master class (que curiosamente siempre es para un grupo selecto de personas entre los que misteriosamente estás por tu simpatía y que encima, porque le caes bien, te descuenta un 20% del precio) o en su libro, nuestra idea que es un timo ya se empieza a desvanecer. Incluso, algunos pagarán por ello.
- Pero si lo cuenta un YouTuber o un charlatán de TED, tendemos a confiar y el concepto de timo desparece completamente de nuestros pensamientos. Estos últimos no nos están vendiendo nada, ¿o sí? Aunque sus ingresos no salgan directamente de nuestros bolsillos, nos están vendiendo entretenimiento, y nosotros les pagamos en horas de reproducción, likes y suscripciones. Otro será el que abra su cartera para pagarle en relación a nuestras reacciones.
Pero con mi último párrafo, ¿estoy diciendo que la mayoría del contenido de internet sobre superación personal y alcanzar el éxito es un timo? No, no es que sus historias o sus vídeos sean mentiras y un sacacuartos; son historias reales, aunque un poco teatralizadas para simplificar el camino al éxito y así mantener sus cifras de audiencia. El problema que existe con el contenido de internet se debe al sesgo del superviviente. Esta falacia lógica consiste en concentrar las conclusiones en las personas o cosas que superaron un proceso de selección pasando por alto aquellas que no lo hicieron y se debe generalmente a la falta de visibilidad del fracaso. Por cada YouTuber conocido existe mucha gente con idénticas capacidades y que han seguido métodos muy similares de los que no hemos oído el testimonio porque fracasaron. ¿Alguien ha visto alguna vez un vídeo de YouTube de algún currela que intentó ser YouTuber para conducir coches caros como Wall Street Wolverine pero que fracasó y sigue currando en su trabajo de siempre? Haber los habrá, aunque el algoritmo nunca me ha mostrado ningún vídeo de ese tipo. Volviendo a los cuentos infantiles, me voy a centrar en los de Disney, ya que cuando se da esta falacia, si lo piensas muy fríamente, todo es cuestión de números.
¿Cuántas sirvientas se casaron con el príncipe? Sólo Cenicienta, las demás siguieron con sus tareas domésticas y nadie supo de ellas. Al fin y al cabo el número de miembros de la realeza es acotado.
¿Cuántos ladrones de Agrabah se mudaron a Palacio? Sólo Aladdin porque el sultán sólo tenía una hija, del resto nunca sabremos si salieron de la pobreza.
¿Cuántas chicas llegaron a ser soldado en la China Imperial? Espero que más que Mulán, aunque no haya constancia de ello.
Si lo pensamos, todos estos ejemplos positivos son ouliers. Y lo mismo pasa con convertirse en un YouTuber conocido o hacerse rico gracias a esta plataforma. Así que, tú, que lees estas líneas, tenlo claro: NO, TÚ NO VAS A SER YOUTUBER Y YO TAMPOCO. Y en el caso hipotético de que alguno de los dos lo consiga, será porque el que lo consiga es la Cenicienta de este cuento. No porque sea algo fácil y alcanzable para todo el mundo. A veces necesitamos un golpe de realidad para saber que nuestra imaginación no es nuestro verdadero mundo.
Y bien, vamos a temas más positivos. ¿Qué voy a hacer yo con YouTube después de un mensaje tan desmoralizante? Primero voy a hacerme TED-fan y hacer como que me creo esos mensajes tan motivadores de tú-también-puedes e intentar ser una Cenicienta del YouTube más. Cuando escribo estas líneas soy el espectador más medio que existe para realizar esta profesión: no tengo ni idea de editar vídeos, aunque me dieron un curso de introducción a la oratoria en el trabajo, soy muy seco hablando, no me gusta escucharme ni verme en las grabaciones y vídeos, no sé de Marketing, ... Sólo me faltan la madrastra y las malvadas hermanastras para montarme mi propia epopeya griega. Como punto positivo, he de confesar que tengo muchos amigos que han estudiado Comunicación y que pueden echarme un cable en ciertos aspectos.
Pero, ¿y si acabo cansándome con el príncipe como la que presentaba el telediario de la 1? Como he dicho antes no es muy probable, los números no están a mi favor. Sin embargo, si este blog lo escribiesen simultáneamente 10,000 personas usando el mismo método, acabaríamos con una o dos Cenicientas viviendo acomodadamente del palacio de YouTube. Es cierto que éxito se consigue con mucho trabajo, pero también estando en el lugar exacto a la hora exacta.
Alcanzar el éxito en este experimento, no me importa. Tanto como si lo consigo convertirme en YouTuber como si no, estoy aquí para aprender todo lo que pueda de este tipo de profesiones modernas. Todo compartiré en futuros posts. Yendo al grano, el objetivo del experimento es determinar qué se necesita y cuánto tiempo hay que invertir en seguir los consejos de la plataforma para convertirse YouTuber.
Ahora bien tengo miedo de que alguno de mis ex directores de tesis asalten mi casa mientras esté en algún viaje de trabajo y me quiten el título de Doctor en Informática si dejo un objetivo de experimento tan abstracto. Va totalmente en contra de algunos párrafos que escribí en mi tesis, así que voy a mostrarlo de una forma más medible (y simplificada). De esta forma seré capaz de monitorizarlo y determinar si lo he cumplido o no. Mi objetivo es conseguir monetizar mi canal de YouTube y ganar un euro antes de las próximas vacaciones de verano (agosto de 2022). Pongo una cantidad irrisoria porque este camino es el mínimo camino que todo YouTuber tiene que seguir para conseguir vivir de la plataforma. Vivir de YouTube es algo subjetivo y difícil de chequear. Algunos, pocos creo yo, se conformarán con que YouTube les pague el café de la mañana. Otros querrán que esa empresa les pague su nueva mansión con piscina. Entonces, ya que tenemos el objetivo final vamos a ponerlo en grande:
GANAR 1€ CON MI CANAL DE YOUTUBE ANTES DE AGOSTO DE 2022
Actualmente, los requerimientos de YouTube para poder monetizar un canal y cobrar por los anuncios que se muestran en los vídeos son los siguientes:
- Tener una cuenta de Google. ¡Hecho!
- Tener al menos 1,000 suscriptores. Los suscriptores son personas que hacen clic en el botón SUBSCRIBE para recibir las novedades del canal en su página de inicio de YouTube.
- Superar las 4,000 horas de reproducción públicas, es decir, la suma del número de horas que los espectadores ven los vídeos.
- No tener casos de incumplimiento de normas de YouTube activos. En otras palabras, no subir vídeos de lo que no se debe (ejemplos: vídeos amorales, ilegales, con copyright, etc.)
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| Página de Monetización del YouTube Studio donde se muestra el progreso de un canal. |
Resumiendo: las métricas en las que me tengo que fijar a lo largo de esta experimentación son las siguientes:
Y tengo ideas, un plan y muchas más cosas para aumentar estas métricas. Os lo cuento en el próximo post.


Enhorabuena, me ha gustado mucho el enfoque. Deseando ver más entradas :)
ResponderEliminarGracias, Tania!Sé que te estás metiendo en este mundo, así que toda opinión, duda o propuesta será bien recibida 😀
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